Una guía corta para emprendedores, no un asesoramiento. Lo que va en la etiqueta lo decide y lo firma quien elabora el alimento.
Según el Código Alimentario Argentino, en un alimento envasado. Algunos productos tienen reglas propias; revisalas con tu bromatología municipal.
Qué es el producto, con su nombre correcto: «miel», «dulce de leche», «conserva de tomate». No vale solo la marca.
En orden decreciente de cantidad. Si hay alérgenos, tienen que estar claros.
En gramos o mililitros, con el tamaño de letra mínimo según el contenido.
Nombre o razón social, dirección y país de origen.
El número de establecimiento y de producto que te asignaron. Los tramita el productor; nosotros solo los imprimimos.
Cambian en cada tanda. Si no querés imprimir una etiqueta por lote, dejamos un espacio en blanco para completarlo a mano o con sello.
«Conservar en lugar fresco y seco», «una vez abierto, mantener refrigerado», según el producto.
La tabla la calcula y la firma el productor, o un profesional que contrate. Nosotros la diagramamos tal cual nos llega.

La ley de promoción de la alimentación saludable obliga a muchos productos a llevar sellos octogonales negros adelante, como «exceso en azúcares» o «exceso en sodio». Si tu producto los necesita depende de la receta y de la tabla nutricional.
Si te corresponden, los incluimos en el diseño respetando el tamaño mínimo para el frente de tu etiqueta. Si la etiqueta es muy chica, a veces hace falta agrandarla para que entren.
Diagramamos la información que nos das para que entre y se lea, con el tamaño de letra adecuado y los sellos en su lugar. No calculamos tablas nutricionales, no tramitamos registros y no decidimos qué leyendas lleva tu producto.
Cuando la prueba está lista, revisala con quien te asesora en bromatología antes de aprobarla.